-¿No deberiamos huir despavoridos, como el resto de los mortales?
-No - contestó tajante - recuerda que no somos como el resto de los mortales.
- Aún así, yo huiré, contigo o sin tí -le respondí
- ¿A donde? - encendió su último cigarrillo y tiró la caja vacia a la basura.
- No me preguntes - le dije- ya lo sabes.
- Es cierto - se asombró - pues entonces no me queda otra que seguirte, aunque te vayas al fin del mundo.
Al final, escapamos. Él se dió cuenta de que yo, era un mortal más.