
Ahora, aunque en el mundo hay guerra, está emergiendo un enorme cambio. Aunque parezca increíble, en un mundo lleno de bombas capaces de destruirlo todos está naciendo en lo más profundo de cada alma humana un “no quiero más, quiero más humanidad”. Se está empezando a pensar para qué más armas si ya hay demasiadas, para qué más guerras si nada con ellas se logra. Todos podemos vivir aquí, todos podemos ayudarnos y estar en equilibrio. En la gente está creciendo el poder de hacer algo, de ser escuchado en el otro lado de mundo, en un contacto directo. Poder pedir ayudar desde muy lejos y desde muy lejos poder ayudar. Está creciendo en todos una mayor espiritualidad, donde vale más el saber convivir que el sobrevivir.